ALFEÑIQUES DOÑA LUCHITA: UN LEGADO FAMILIAR

 ALFEÑIQUES DOÑA LUCHITA

EN MEMORIA DE LUZ MARÍA GUERRERO LÓPEZ

Alfeñiques DOÑA LUCHITA nace en memoria y seguimiento de la actividad artesanal que deja como legado Luz María Guerrero López originaria de Irapuato, Guanajuato (1938-2024) a sus hijas y nietos. 

Doña Luchita radicó gran parte de su vida en Atlixco, Puebla, lugar en donde aprendió esta gran tradición; en sus inicios fue instruida por la familia de su esposo, específicamente tías (QEPD) pertenecientes a la familia Caselín Martínez.

Aproximadamente en la década de los 60's, los alfeñiques o "dulces" que se fabricaban en la familia eran elaborados de una manera totalmente diferente a la actual, y en cierto punto, un tanto peligroso; para su fabricación se utilizaba el azúcar convencional de mesa derretida a altas temperaturas en cacerolas que fácilmente se tenían en casa. Una vez derretida, las artesanas tomaban con sus propias manos la pasta de tipo "chiclosa" con la cual lograban formar figuras como patitos y borreguitos, cabe mencionar que durante el proceso de fabricación las mismas sufrían quemaduras en sus manos puesto que, para que el dulce tomara la consistencia perfecta debía de ser moldeado aún con altas temperaturas, tomándolo directamente de las cacerolas expuestas al fuego.

Años más tarde en la década de los 70's, se vivió una transición del famoso "dulce estirado" que se menciona en el párrafo anterior, hacia los alfeñiques tradicionales que se conocen actualmente elaborados con azúcar glass, e incluso con azúcar de mesa pero con métodos menos riesgosos. 

Doña Luchita pasó 65 años de su vida dedicando gran parte de su tiempo a la elaboración y venta de estos productos artesanales, siendo así parte del sustento de la familia junto con su esposo Venancio Escalona Caselín (QEPD); es importante recordar que, sus hijas, actualmente mantienen la tradición que año con año las llena de alegría y es parte de su sustento al conservar aún dos de los puestos en el mercado de alfeñiques que se coloca año con año desde hace décadas a unas cuadras del zócalo de Atlixco. 

En este año 2024, a unos meses de la partida de Doña Luchita, se decide formalizar una marca que trascienda en México y el mundo con la finalidad de conservar el maravilloso legado de la familia Escalona Guerrero que más allá de representar un negocio familiar, representa toda una vida de momentos inigualables en donde tardes enteras hijos y nietos eran felices elaborando, decorando y aprendiendo a lado de Doña Luchita.

 Redacción: Sophia Rubio Escalona


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